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Comparando los intentos de legalizar el aborto en Irlanda y Argentina

https://angelusnews.com/news/charles-camosy/comparing-the-attempts-to-legalize-abortion-in-ireland-and-argentina

Defensores Pro-Vida celebran en Buenos Aires, Argentina, el 09 de agosto, después que senadores votaron en contra de un proyecto de ley que habría legalizado el aborto. (CNS photo/Agustin Marcarian, Reuters) 

Muy temprano en la mañana del 09 de agosto, el senado rechazo claramente la medida para legalizar el aborto (la ley actual permite el aborto en caso de violacion sexual y para proteger la salud de la madre)

El intenso debate – tanto en la cultura general como en la Cámara del Senado – a menudo recordó a un proceso parecido que tuvo lugar recientemente en Irlanda, un país con similares raíces Católicas.

Hay muchas comparaciones instructivas que pueden realizarse entre cómo el proceso se desarrolló en estos dos países.

Los activistas a favor del aborto legal – tanto en Irlanda como en el otro lado del mar – usaron la muerte en 2012 de Savita Halappanavar para iniciar el final de la Octava Enmienda Irlandesa que protege a los niños prenatales. Aunque investigaciones independientes, incluyendo la del forense, encontraron que Halappanavar murió como resultado de mala práctica médica relacionada a una septicemia no diagnosticada, activistas presionaron con la falsa afirmación que ella murió debido a la ley Irlandesa que prohíbe el aborto.

Los medios y los políticos en su mayoría aceptaron esta versión de la historia. El resultado fue una victoria abrumadora para legalizar el aborto, con dos tercios de la población Irlandesa votando para derogar la Octava Enmienda y la protección legal para los niños prenatales.

Gente en Dublin reaccionaron el 26 de mayo al resultado oficial del referéndum sobre el aborto. Irlanda votó por legalizer el aborto. (CNS photo/Aidan Crawley, EPA)

Los activistas pro-aborto- tanto en Argentina como en el otro lado del mar- usaron el asesinato en 2015 de una adolescente de 14 años de edad, cuyo novio aparentemente la golpeó hasta morir por quedar embarazada, para intentar cambiar la ley Argentina de protección para niños prenatales.

La diferencia estuvo en que la diversidad de puntos de vistas sobre el aborto que se presentó en los medios de comunicación – y especialmente en las clases políticas – contribuyó a que se diera un debate real entre aquellos quienes tienen el poder en Argentina.

Los activistas pro-aborto tanto en Irlanda como en Argentina fueron ayudados por ejecutivos varones que, aunque afirmaron ser anti-aborto, cambiaron sus opiniones por razones poco claras y posiblemente dudosas. El Primer Ministro Irlandés, Leo Varadkar, hizo campaña anti-aborto pero cambió su punto de vista no sólo por la presión que aumentaba para derogar la Octava Enmienda, sino también cuando se vio envuelto en la controversia cuando se reveló que muchas mujeres irlandesas murieron de cáncer de cuello uterino a pesar de que su ministro de salud les dijo que estaban a salvo.

El Presidente de Argentina, Mauricio Macri, un conservador que se describió a si mismo como pro-vida, declaró sin embargo que si el Senado hubiera votado a favor del proyecto de ley pro-aborto habría permitido que se convirtiera en Ley al no vetarla. La diferencia en Argentina fueron las fuertes mujeres pro-vida en la legislatura que llamaron al orden al presidente.

Por ejemplo, la Senadora Silvina Garcia Larraburu abiertamente cambió su voto para anti-aborto y acusó a Macri de intentar distraer la atención de los problemas económicos del país y de la falta de apoyo social para las mujeres. La Senadora Marta Varela también recalcó la hipocresía de afirmar ser a favor de los “derechos de las mujeres” cuando hay tantas mujeres que sufren a causa de los servicios sociales y de salud.

La Senadora Silvia Giacoppo utilizó el eufemismo “Interrupción Voluntaria del Embarazo” (nombre con el cual se presentó la moción ante el Senado), señalando que “interrupción” significa algo que se puede reanudar posteriormente. Aún la Vice-Presidenta Gabriela Michetti se manifestó en contra del proyecto de ley.

El New York Times, junto con otros medios de comunicación, dieron la impresión de que era una especie de reacción católica arraigada contra un movimiento base de derechos al aborto. Pero ocho años antes, Argentina fue la el primer país de América Latina en permitir el matrimonio del mismo sexo, una situación que el mismo Times resaltó como la Iglesia Católica “luchó con un vigor parecido a su batalla en contra del aborto, organizando protestas que involucraban a miles de personas.” Argentina ha demostrado claramente que simplemente no forjará nuevas leyes basado en lo que digan sus obispos Católicos y otros sacerdotes.

Es difícil argumentar que esta situación fue puramente un movimiento base de derechos al aborto, cuando ONGs del occidente desarrollado, como Amnistía Internacional y la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF por sus siglas en inglés), estuvieron tan involucrados en impulsar la legislación. En efecto, Amnistía Internacional incluso sacó un muy costoso anuncio de página completa en The New York Times en apoyo de la legislación, afirmando siniestramente que "el mundo está mirando".

Con la expresión “el mundo” Amnistía parece referirse al Occidente desarrollado, y su activismo pro-aborto es un ejemplo clásico del imperialismo neocolonial en una cultura con una comprensión muy diferente de lo que es el bien.

Grupos como Amnistía intentaron aumentar las preocupaciones comprensibles sobre el número de muertes que supuestamente tienen lugar en Argentina. El ministro de salud, Adolfo Rubinstein, otro hombre que apoyaba la ley, reclamó que 354,000 abortos clandestinos son llevados a cabo cada año pero hay una buena razón para dudar de este número, especialmente porque se trata de la mitad del total de nacimientos vivos en Argentina. Los Estados Unidos es uno de los países más permisivos del aborto en el mundo y tiene un tasa de abortos de solamente una cuarta parte del total de nacimientos vivos.

Para este tema, sería instructivo recordar que uno de los padres fundadores de los derechos al aborto en los Estados Unidos, Bernard Nathanson ex-presidente de NARAL (National Association for the Repeal of Abortion Laws), admitió que simplemente inventaron números acerca de la cantidad de mujeres que mueren por aborto ilegal a fin de ganar simpatía en favor a la agenda del derecho al aborto.

Aunque es difícil conocer cuántas de esas muertes son resultado del aborto ilegal, es por supuesto muy preocupante que Argentina tenga una tasa de mortalidad materna de 50 por cada 100,000 nacimientos vivos. La mayoría de los países desarrollados tienen una tasa de menos de 10 – excepto para los Estados Unidos, que ha visto su tasa subir a 26.4.

Pero para dar contexto a este número, Argentina debe ser comparada no a los países occidentales que permiten el aborto, sino a los países en la región. Consideremos al vecino país Chile, el cual tiene leyes restrictivas del aborto muy similares, posee una tasa de mortalidad materna de solamente 20.5 y que de hecho vio que esta tasa se redujo después de cambiar para restringir dramáticamente el aborto. Esto da credibilidad a los argumentos presentados por las senadoras argentinas de que el activismo pro-aborto sirvió como una cortina de humo para ocultar los problemas reales del país: corrupción y la falta de cuidado de la salud y otros servicios sociales para las mujeres.

Volviendo a Irlanda de nuevo, aunque habían prohibido casi todos los abortos, la tasa de mortalidad irlandesa era de tan sólo 4.7 – la mitad de la tasa en el Reino Unido que permite el aborto, la cual se encuentra en 9.2. Los grupos activistas pro-aborto – incluída una fuerte presencia de Amnistía Internacional – fueron aún mucho más fervientes en impulsar su agenda en Irlanda – plantea la pregunta de si era genuino el enfoque en la mortalidad materna en Argentina.

A diferencia de Irlanda, Argentina fue capaz de resistir las tácticas neocoloniales de grupos activistas de fuera y se mantuvieron leales a sus valores. Su valiente ejemplo puede ser importante a medida que se utilicen tácticas parecidas para impulsar los derechos al aborto en otros países de América Latina en los próximos meses y años.

Charles Camosy es profesor asociado de ética teológica y social en la Universidad de Fordham.

Traducido con autorización de Catholic News Service