Formación / Descubriendo la Liturgia


                                   LA LITURGIA EN LA HISTORIA


Todos los pueblos , a través de la historia,siempre han creído en algún poder superior, en alguien que estaba mas allá de su conocimiento y su alcance. Lo llamaron Dios.

Por esto mismo, los pueblos siempre han querido acercarse a ese dios, han querido agradarle, y sobre todo han querido comunicarse con él de alguna manera.

En este intento de comunicarse desarrollaron ritos y signos litúrgicos, algunos de ellos muy crueles, por medio de los cuales trataban de agradar a ese dios. Esto ocurría también entre los pueblos que vivían cercanos al pueblo de Israel. Hasta que Dios se acerca nuevamente a nosotros

Por eso Dios, cuando se aparece Moisés, le dice que ha venido a salvar a su pueblo, porque ha escuchado sus gemidos.

Cuando Moisés guía a su pueblo a la libertad, fuera del dominio del faraón de Egipto, la noche anterior Dios les dice que deben asar un cordero, que lo deben terminar completamente sin dejar restos, y que deben comerlo de pié, con las sandalias puestas, la cintura ceñida y el bastón en la mano, es decir listos para marchar. Estos signos les decían al pueblo que eran un pueblo que estaba en marcha, listos para salir, alertas a la voz de Dios. Y Dios les dice que esta noche deben recordarla a través de las generaciones como una noche santa.

Así mediante signos se comunica con Moisés, y con su pueblo. Por ejemplo, mientras caminaban por el desierto, los acompañaba una nube que durante el día los protegía del sol, y por la noche les daba luz para ahuyentar los fantasmas.

Entonces lentamente fueron naciendo los signos y ritos que conformaron la liturgia del pueblo de Israel, que se convirtió en algo muy vistoso para adorar a ese Dios que los había sacado de Egipto.

Sin embargo Dios siempre quiso que el pueblo viviera los signos en profundidad, que no sean ritos vacíos, que se convertían fácilmente en rutina. Por eso es muy duro con el pueblo cuando se olvida de lo que significan los signos, celebrando la liturgia pero llevando una vida reprochable:

«¿A mí qué, tanto sacrificio vuestro? - dice Yahveh -. Harto estoy de holocaustos de carneros y de sebo de cebones; y sangre de novillos y machos cabríos no me agrada, cuando venís a presentaros ante mí. ¿Quién ha solicitado de vosotros esa pateadura de mis atrios?.

No sigáis trayendo oblación vana: el humo del incienso me resulta detestable. Novilunio, sábado, convocatoria: no tolero falsedad y solemnidad. Vuestros novilunios y solemnidades aborrece mi alma: me han resultado un gravamen que me cuesta llevar.

Y al extender vosotros vuestras palmas, me tapo los ojos por no veros. Aunque menudeéis la plegaria, yo no oigo. Vuestras manos están llenas de sangre: lavaos, limpiaos, quitad vuestras fechorías de delante de mi vista, desistid de hacer el mal, aprended a hacer el bien, buscad lo justo, dad sus derechos al oprimido, haced justicia al huérfano, y a la viuda. (Is 1,11-17)

En nuestra liturgia actual también es necesario que vivamos cada signo en profundidad, entendiendo lo que me dicen y luego meditándolo.

Si no entendemos los signos litúrgicos nos parece todo rutinario, aburrido, y muchas veces estamos mas atentos a lo que pasa a nuestro alrededor, a lo que hacen los demás, a veces al celular, que al mensaje que tiene para mi Dios a través de la liturgia.