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    VÍA CRUCIS DEL SEMBRADOR

ORIGEN Y SIGNIFICADO DEL VÍA CRUCIS

Expresión latina que significa "camino de la Cruz", es decir, el que recorrió Cristo durante su Pasión, desde el Pretorio de Pilatos hasta el Calvario.

Los precedentes del Vía Crucis datan de los primeros siglos del cristianismo, de la piadosa compasión con que los cristianos primitivos veneraban los pasos de la Vía Dolorosa.

En cuanto a los orígenes de este ejercicio piadoso, es cierto que los cristianos de las primeras centurias veneraron los lugares relacionados con la vida y muerte de Cristo. Esto se facilitó a partir de la paz otorgada a la Iglesia por Constantino, con lo que se multiplicaron las peregrinaciones a los Santos Lugares, y de las que se conservan descripciones desde el s. IV.

Con motivo de las Cruzadas se manifestó aún más la devoción hacia los lugares en que se había realizado algún episodio de la Pasión de Cristo. No se contentaron los cruzados con haber venerado esos mismos lugares, sino que trajeron a sus respectivos países la idea de realizar algo parecido a lo que habían visto y obrado en Jerusalén. De ahí que se erigiesen en muchas partes «Calvarios», luego «Vía Crucis», con los que los fieles manifestaban su fervor, agradecimiento y amor a la Pasión de Cristo, oraban y meditaban en ella, etc.

Los franciscanos contribuyeron mucho a extender y propagar esta devoción, aún no muy bien definida, sobre todo cuando en el s. XIV se les concedió la custodia de los Santos Lugares. También la difundió mucho el beato Álvaro de Córdoba, dominico, a su regreso de Tierra Santa (1420). Después, el principal apóstol de esta devoción fue San Leonardo de Puerto Mauricio, que, en el curso de unas misiones por Italia (1731-51), erigió más de 572 Vía Crucis.

La práctica del Vía Crucis viene a arrancar de los primeros siglos y se halla muy extendida entre los cristianos. Es necesario meditar y conocer bien la vida y persona de Cristo, también su Pasión y Muerte, para facilitar la identificación con Él a que está llamado todo hombre. Esta devoción es de gran importancia para la vida cristiana. Nos da la oportunidad de contemplar la pasión y muerte de Jesús, nuestro Salvador. Contemplación de los dolores en el cuerpo y en el alma del Señor. Recorrer la Vía dolorosa actualizando sus sufrimientos. La pasión de Jesús es real y actual. El motivo de sus dolores es el de siempre: el pecado. Cada vez que un cristiano peca, de algún modo crucifica de nuevo a Cristo. En cambio, cuando llevamos por amor a Jesús la cruz de cada día podemos decir, como San Pablo: "Completo en mi carne lo que falta a la Pasión de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia"

(Co 1,24).

PRIMERA ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE.

(AMOR.)

Guía: Te adoramos Cristo y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Se comete la mayor injusticia: el Hijo de Dios hecho hombre, que pasó haciendo el bien, es condenado a morir crucificado.

Jesús sin embargo acepta la sentencia. ¿Por qué? Por Amor. El Amor es su fuerza, es el motor de su vida. Amor a su Padre, y amor a cada uno de nosotros.

Y esa es toda su fuerza, porque como dice la Palabra de Dios, “el Amor todo lo puede”.

Jesús nos da ejemplo, para que siempre que sintamos flaquear nuestras fuerzas, cuando el sufrimiento representado en la cruz oprima nuestras vidas, encontremos en el amor la fuerza que necesitamos para seguir adelante.

¡Señor, enséñanos a amar!

Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

SEGUNDA ESTACIÓN: JESÚS CARGA LA CRUZ SOBRE SUS HOMBROS. (OBEDIENCIA)

Guía: Te adoramos Cristo y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Cuando los soldados ordenan a Jesús cargar la cruz, El obedece. Dice la Palabra de Dios que “se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.

¿Obediencia a quién? A la Voluntad del Padre, pero también a la autoridad temporal constituida, a la que reconoce venida de Dios.

Él vino a rescatarnos del pecado, y lo venció en su raíz, que es la desobediencia.

Nosotros enfrentamos a cada momento la tentación de desobedecer a Dios. No sólo la tentación de pecar abiertamente, sino también la de

reemplazar el Plan de Dios por el propio plan, siguiendo la aparente sabiduría de nuestra inteligencia, y no la “locura” de la cruz de Cristo. Él nos enseña a decidirnos por la obediencia, y por eso le pedimos que nos ayude a seguir siempre su luminoso ejemplo.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

TERCERA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ BAJO EL PESO DE LA CRUZ. (VOLUNTAD SALVÍFICA)

Guía: Te adoramos Cristo y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús experimenta una extrema debilidad y cae bajo el peso de la cruz. Pero vuelve a ponerse en marcha, porque su decisión es muy firme. Él sabe que el sufrimiento que lo atormenta es el instrumento para salvarnos, y por eso lo acepta con todo su ser.

Nos dice San Pablo que la voluntad de Dios es que todos los hombres se salven. Y con ese fin entrega a su Hijo único.

¡Qué importante es la salvación de los hombres!. Es necesario recordar siempre la extrema gravedad de la condenación de un solo ser humano, y así entender que vale la pena todo sacrificio si con ello se puede ayudar a alguien a conseguir su salvación.

Le pedimos a Jesús que cuando nos sintamos cansados por el camino de la siembra, recordemos que Él no dudó en hacer el máximo sacrificio.

Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

CUARTA ESTACIÓN: JESÚS ENCUENTRA A SU MADRE.

(ENTREGA)

Guía: Te adoramos Cristo y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

En esta estación del Vía Crucis contemplamos la entrega:

El Padre desde el Cielo está entregando a su Hijo único por nosotros;

El Hijo se entrega voluntariamente para redimirnos; y María, desde su dolor, también acepta entregar a su único Hijo. Desde el comienzo, la de María fue una entrega generosa, total, sin reservas. Ella se dio entera a cumplir la voluntad de Dios.

Nosotros también estamos llamados a una entrega así. Pero nos cuesta.

¡Si a veces nos parece mucho el tiempo que dedicamos al Señor!

Pedimos al Señor que nunca olvidemos que nos entregó todo. Que no busquemos reservarnos nada, y que lleguemos como María, a entregar a Dios todo nuestro tiempo, todo lo que amamos, todas nuestras fuerzas.

Padre nuestro, Avemaría y Gloria

QUINTA ESTACIÓN: SIMÓN DE CIRENE ES OBLIGADO A AYUDAR A JESÚS. (SEMBRAR).

Guía: Te adoramos Cristo y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Los soldados obligan a un hombre común a cargar durante un trecho la cruz, y en él nos identificamos nosotros, personas comunes a las que Jesús permite cargar su misma cruz, la cruz del Sembrador.

La cruz del sembrador es ver el rechazo de muchos, en quienes la semilla no penetra y el maligno la arrebata, así como el abandono en mitad del camino de algunos que primero la recibieron con alegría; ver cómo las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan esa semilla, que así queda sin fructificar.

La cruz de ver el corto número de los que se quedan en la hora de la dificultad; el sufrir la incomprensión de la propia familia y de los amigos, e incluso el abandono y la traición; en fin, el dolor del poco fruto de los esfuerzos realizados.

Le pedimos a Jesús que nos conceda ser fieles al compartir su misma cruz.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

SEXTA ESTACIÓN: LA VERÓNICA ALCANZA A JESÚS SU SUDARIO.

(“SALIR”).

Guía: Te adoramos Cristo y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Una mujer sale al encuentro de Jesús y limpia su rostro. Ella hizo vida el salir, pues salió de sí misma para acercarse a Jesús sufriente; salió de una posición segura para arriesgarse; salió de la pasividad hacia una actitud de amor concreto al necesitado.

La actitud de salir es característica en Jesucristo: cuando Él dijo salió un sembrador a sembrar se refería a sí mismo, que salió del cielo para venir a la tierra; salió del Padre para encontrar a los hermanos; salió de la eternidad para hacerse mortal; salió de la omnipotencia para hacerse débil. Siendo Hombre salió de la casa materna para predicar el Reino de Dios a todo Israel; salió de Jerusalén como condenado; y finalmente salió de este mundo muriendo en la cruz.

Le pedimos a Jesús que nos conceda vivir plenamente el carisma de salir a sembrar. Que nunca nos instalemos.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

SÉPTIMA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ BAJO EL PESO DE LA CRUZ. (COMPROMISO)

Guía: Te adoramos Cristo y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Nuevamente Jesús cae, pero haciendo acopio de sus fuerzas se levanta y continúa la marcha.

Nos muestra así otro rasgo del Sembrador: el compromiso.

Él había anunciado que se entregaría para conseguirnos el perdón de nuestros pecados, y ahora respalda su palabra con los hechos. Eso es compromiso: cumplir la palabra empeñada.

¡Qué hermoso es ver que el Señor cumple sus promesas! Por eso dice la sagrada Escritura que Cristo no fue con nosotros primero sí y luego no, sino que fue siempre sí.

Nosotros estamos llamados a imitar esta actitud de Cristo. Aunque somos concientes de nuestra fragilidad, nos comprometemos a realizar los mejores esfuerzos a fin de cumplir las tareas que nos tocan. Confiamos en que cumpliremos porque su ayuda nunca nos faltará.

Le pedimos al Señor que nos ayude a que nuestro sí sea siempre sí.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

OCTAVA ESTACIÓN: JESÚS HABLA CON LAS MUJERES QUE SE LAMENTAN. (“A TODAS LAS GENTES”).

Guía: Te adoramos Cristo y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Aún en su dolor y debilidad Jesús sigue prestando atención a su alrededor. Reparando en unas mujeres que encuentra en su camino llorando por El, les dirige su palabra, esa palabra con la que siempre enseña y enriquece. En esta ocasión les explica cuáles son las verdaderas razones para llorar.

Jesús y su palabra: el Sembrador y la semilla, que no deja de sembrar por ningún motivo. ¡Es tan grande su deseo de llegar a todas las gentes, a cada persona!

A nosotros, que recibimos la vocación de sembradores, su ejemplo nos urge a seguir sembrando, y no detenernos mientras exista alguien que necesite su Palabra, que aún no se haya enterado de la Buena Noticia de su Amor salvador.

Le pedimos al Señor que nos encienda en su mismo deseo de sembrar.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

NOVENA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ BAJO EL PESO DE LA CRUZ. (PERSEVERANCIA)

Guía: Te adoramos Cristo y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Una vez más el Señor está en el suelo, exhausto. Pero apelando a sus últimas reservas de energía, se incorpora y sigue su camino. Es la viva imagen de la perseverancia.

Nuestro Redentor no se deja vencer por los obstáculos, nada lo desanima ni detiene, no

abandona su obra.

¡Qué hermosa es la virtud de la perseverancia! Y qué necesaria, ya que aunque se tengan muchas otras virtudes y cualidades, si falta la perseverancia, ¿de qué servirán?.

Es que en el buen combate de la fe no cabe el abandono, pues todo se perdería.

Por eso se alegra San Pablo cuando, ya cerca de su muerte, dice que ha combatido hasta el final este buen combate.

Pedimos al Señor que nos conceda la perseverancia para llegar hasta el final en la vocación que recibimos.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

DÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS. (DESAPEGO)

Guía: Te adoramos Cristo y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Llegados por fin al lugar de la crucifixión, Jesús es despojado de los pocos bienes que aún posee, y queda desnudo. Tampoco aquí protesta ni se queja, dejándonos otra enseñanza: el desapego.

Él nunca se apegó a las cosas de este mundo, y nos dijo que no debemos preocuparnos por obtenerlas, ya que el Padre nunca nos hará faltar lo necesario. Nos encomendó ocuparnos del Reino de Dios, siempre listos a desprendernos de todo para obtener la perla preciosa y el tesoro escondido.

¡Pero cómo nos cuesta el desapego! Queremos seguir a Cristo pero conservando otros bienes. Cómo se nos divide el corazón, y por eso no faltan los que abandonan el seguimiento de Cristo Sembrador por amor a este mundo con sus bienes.

Le pedimos al Señor que nos ayude a crecer cada día en la actitud del desapego.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

DECIMO PRIMERA ESTACIÓN: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ. (LA INUTILIDAD APARENTE)

Guía: Te adoramos Cristo y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Las manos y pies de Jesús son clavados a la cruz, y además del dolor que esto le provoca, pierde toda libertad de movimientos. Apenas si puede respirar con dificultad.

Sólo le queda esperar la muerte. Sin embargo, en esta situación de inmovilidad y aparente inutilidad es cuando más hace: ya no puede caminar ni casi hablar, pero no por eso dejó de sembrar. Al contrario, es ahora cuando fecunda con su sangre y su dolor la tierra que vino a redimir.

Para nosotros también llegará el momento en que no podamos actuar porque la enfermedad o los años nos han debilitado. Pero hasta el final podemos ofrecer nuestro dolor para que la siembra sea fecunda, y entonces esos momentos se hacen muy productivos para el Reino.

Le pedimos al Señor no olvidar esto cuando nos toque experimentar la debilidad física.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

DECIMO SEGUNDA ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ.

(FECUNDIDAD)

Guía: Te adoramos Cristo y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

La muerte es consecuencia del pecado, y por eso el Redentor la asume para sí mismo. Jesús sabía que llegaría para El esta hora: se preparó, la esperó. Le resultó difícil, pero la enfrentó: es que “si el grano de trigo no muere, no da fruto”.

Es necesario asumir la muerte como un paso necesario en la misión de Sembrar; de hecho es el paso final de esta misión.

La muerte está en el horizonte de nuestra vida, pero los sembradores miramos el horizonte y más allá, donde nos espera Aquél que nos confió la misión.

Ofrecida al Señor, la muerte es la culminación de una vida de entrega, es la entrega final y definitiva.

Le pedimos al Señor que nos ayude a asumir la muerte, convencidos que encierra una misteriosa fecundidad.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

DECIMOTERCERA ESTACIÓN: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ. (COMUNIDAD EUCARÍSTICA).

Guía: Te adoramos Cristo y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Una vez muerto Jesús, José de Arimatea se presenta ante las autoridades para solicitar su Cuerpo. Obtenido el permiso, los soldados lo bajan de la cruz y se lo entregan.

Alrededor del cuerpo inerte de Jesús vemos a un grupo de amigos que lo contemplan. La comunidad incipiente de la Iglesia lo adora y se conmueve ante ese cuerpo ensangrentado, entregado voluntariamente para ser alimento de los suyos.

Desde entonces y hasta el final de los tiempos, los salvados por Jesús nos reunimos alrededor de su Cuerpo, ahora ya resucitado, en la Eucaristía.

Los sembradores encontramos en la Eucaristía la inspiración permanente que nos renueva en la Misión encomendada, y el alimento que nos da fuerzas para enfrentar las dificultades propias de la siembra.

Señor, danos siempre de este Pan.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

DECIMO CUARTA ESTACIÓN: JESÚS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO. (FORMACIÓN)

Guía: Te adoramos Cristo y te bendecimos.

Todos: Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Sus amigos ponen a Jesús en un sepulcro prestado, retirándose luego. Es para ellos un tiempo de tristeza y desconcierto, y están como ovejas sin pastor. Les pareció que el mundo había vencido a Jesús, que el mal y la injusticia finalmente prevalecían.

Pero falta poco para que Jesús resucite y vivan una alegría que nadie les podrá quitar.

Nosotros esperamos su segunda venida, y también corremos el riesgo de desanimarnos ante las dificultades. Contra esto el Señor nos llama a permanecer unidos, recordándonos unos a otros su promesa de vida eterna y triunfo definitivo.

Este es el sentido de nuestra actividad formativa: llegar a tener una sólida esperanza, una fe firme y una caridad cada vez más ardiente, para que cuando el Señor regrese nos encuentre

despiertos y ocupados en la siembra que nos confió.

Señor, fórmanos a tu imagen.

Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

ORACIÓN AL TERMINAR.

Te damos gracias Señor,

por permitirnos compartir contigo el camino de tu cruz.

Te pedimos que este acompañarte

nos ayude a ser más fieles en tu seguimiento

a través del carisma que nos diste,

para tu mayor gloria,

para nuestro bien y

el de nuestros hermanos.

Amén.