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Un minuto de reflexión

Tomar conciencia de nuestro aporte a la misión evangelizadora.

"En aquel tiempo, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la Buena Nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes". Lc.8,1-3

Ambientación de la cita bíblica:

Venía Jesús de Nazaret, lo acompañaban sus discípulos y cierto número de mujeres. Andaban con velos, llevando canastas de provisiones para el Maestro y sus doce colaboradores: llevarían, carne, pan, cebollas, huevos, frutas…

En el pueblo judío, las mujeres antiguamente servían al Señor en el Santo Tabernáculo y más tarde en el templo en calidad de cantantes, tañedoras y bailarinas. También eran profetizas, pero la mujer fue siempre considerada inferior. No era obligada por la ley mosaica a tomar parte en las peregrinaciones a Jerusalén como lo era el hombre. Sus deberes eran de madre y el cuidado de la casa.

En el Templo de Jerusalén tenían un atrio destinado expresamente a ellas. La mujer judía en lo que a libertad se refiere, no podía disponer de su propia persona. De las hijas solteras disponía el padre. La palabra de éste era decisiva al tratarse de matrimonio y la muchacha era más un objeto de canje que otra cosa. Se establecía el contrato matrimonial y una vez establecido la muchacha permanecía un año más en la casa paterna pero jurídicamente pertenecía a su marido. Luego se hacía la solemne conducción de la esposa al nuevo hogar para la vida en común. En ningún momento se le preguntaba a la muchacha si estaba o no de acuerdo. Tener una mujer fiel, casta, piadosa era para el israelita un alto galardón en recompensa a una juventud piadosa.

Apreciaban profundamente la vida familiar, tanto que dentro de la ley había un mandato que decía que el hombre recién casado no podía ir a la guerra o tener cargo público pues se le permitía permanecer un año en su casa y en paz con su esposa.

Su concepto del matrimonio era alto ya que designaban la alianza entre Dios e Israel como alianza matrimonial. La fidelidad conyugal era protegida en Israel de manera severa pues se lo consideraba al matrimonio como algo elevado, pero a pesar de ello la monogamia no era obligatoria aunque era lo más generalizado en tiempos de Jesús. También era en parte por una razón económica.

La mujer israelita era altamente considerada como madre. Pero esto tenía un solo sentido. Estaba fundamentado totalmente en las esperanzas mesiánicas. Todas esperaban ser la madre del Mesías. Por esta misma razón era recibido con mayor alegría un niño que una niña. A la mujer estéril le cabía una dura suerte. El marido podía incluso repudiarla y casarse con otra, y además se veía expuesta a murmuraciones.

La madre amamantaba a los niños por muchísimo tiempo. Era deber primordial de ella la educación de los hijos. El amor de la madre era sólo superado por el amor a Dios. También la mujer tenía participación en el bienestar de la comunidad cuando por ejemplo participaba de las danzas organizadas para recibir a los guerreros que venían de las batallas.

Si la mujer decidía salir de casa era mal vista. Para los judíos libertad de la mujer y corrupción de las costumbres estaban en relación causal. La mujer no tenía derecho a presentarse como testigo ante el tribunal. Se la consideraba un ser inferior y su puesto era junto a los niños y los esclavos. Cuando varios hombres se reunían en la mesa se rezaba una oración común, pero la mujer no contaba para eso y tampoco para la oración después de la comida.

El estudio de la Thora era prerrogativa de los hombres y estos lo enseñaban a sus hijos varones, no a sus hijas mujeres. También se veía excluida de los ejercicios de piedad de los fariseos por el solo hecho de no poseer la debida formación de escuela y desconocer la ley. El rabino (sacerdote judío) consideraba indigno y hasta indecoroso hablar públicamente con una mujer.

Cristo hizo justicia a lo más íntimo de la mujer y le trajo redención, por la actitud libre con que Él se relaciona con ellas y las llama a colaborar junto a Él. El Señor libera a la mujer y como San Pablo dice en su Epístola a los Gálatas, en el cap. 3, 28 "ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús".

Preguntas para reflexionar:

  • ¿Qué actitud tenemos cuando recibimos una Buena Noticia?
  • ¿Conocemos cuál es la buena Nueva del Reino de Dios?
  • ¿Difundimos esa Buena Nueva? ¿Cómo lo hacemos?